Acerca de Bitácora Violeta
Esto empezó en el suelo de mi cuarto, a las dos de la mañana.
El encierro de 2020 me dejó con ataques de pánico que nunca antes había tenido. Treinta años recién cumplidos, departamento en La Floresta, Quito, computadora encendida desde las ocho hasta las seis trabajando como asistente virtual para clientes de tres países. Un día el cuerpo decidió que ya no podía más. Fui con una terapeuta cognitivo-conductual que alguien me recomendó por Instagram. Fue la mejor decisión de ese año. Los episodios bajaron. Aprendí a respirar de otra manera, a reconocer cuando se venía uno. Pero quedó algo. Un residuo que la terapia nombraba muy bien pero no acababa de disolver.
Probé apps de meditación. Funcionaban los miércoles por la mañana cuando el sol entra por la ventana y el café ya está listo. No funcionaban a las once de la noche del martes cuando el cerebro no para de girar. Tres apps distintas, cuatro o cinco meses de intentos honestos, y siempre lo mismo: utilísimas en condiciones ideales, inútiles en las que importan.
A finales de 2023 llegué a Freedom Healing por un grupo de WhatsApp de la amiga de una amiga. Lo primero que hice fue buscar en Google para ver si era una secta, qué bestia. No encontré lo que temía. Compré el módulo introductorio, que costó más o menos lo que una cena con vino. La primera semana me pareció raro, como recitar algo en un idioma que no domino. En la segunda semana algo se movió en el pecho. No tengo cómo describirlo sin que suene a frase de reels, así que lo dejo ahí.
Desde entonces también llevo numerología energética y autohipnosis. Los tres a la vez, siempre junto a la terapia que sigo haciendo cada dos semanas con la misma terapeuta de 2020.
Empecé a escribir esto en enero de 2024. Primero solo en el cuaderno: sueño, episodios de ansiedad o su ausencia, semanas en que la práctica me pareció ridícula y la seguí igual, semanas en que algo se movió sin que pueda explicarlo del todo. En marzo lo empecé a pasar acá. El cuaderno de verdad, el grueso con tapas de tela, sigue sobre mi escritorio con una pluma atravesada en el medio. Acá escribo lo que noto semana a semana, sin prometerle nada a nadie. No soy sanadora. No tengo certificación en ninguna de estas prácticas. Soy una asistente virtual de veintinueve años en Quito que encontró algo que funciona para ella y lo escribe antes de abrir el trabajo, con el café humeando y el frío de la sierra todavía pegado a las ventanas.
Si ya llevas este camino sola, quizás reconoces algo tuyo aquí. Si estás atravesando ansiedad persistente o algo que sientes que va más allá de las prácticas energéticas, no sueltes a tu psicólogo o psicoterapeuta. Lo que hago acá no reemplaza el trabajo con un profesional. Ante una crisis emocional aguda, contacta la línea de atención psicológica de tu país.
Para la bio completa: Camila Esquivel.
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