Bitácora Violeta

Camila Esquivel

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El encierro de 2020 me dejó episodios de pánico que nunca había tenido. Vivía ya en este departamento de planta alta en La Floresta, Quito, con la laptop encendida desde temprano trabajando como asistente virtual para clientes de varios países. Una madrugada el cuerpo no aguantó más: taquicardia, la sensación de que el aire no alcanzaba, las manos temblando sobre las sábanas. Busqué ayuda con una terapeuta cognitivo-conductual que alguien me recomendó por Instagram, y fue la mejor decisión de ese año. Los episodios bajaron. Aprendí a reconocer cuándo venía uno antes de que llegara entero.

Después probé aplicaciones de meditación guiada. Servían los miércoles, con sol entrando por la ventana y el café de chorreo ya listo. No servían de nada un martes a las once de la noche con la cabeza dando vueltas. Cuatro o cinco meses así, entre lo que funcionaba en condiciones ideales y lo que hacía falta en las que de verdad importaban.

A finales de 2023 llegué a Freedom Healing por un grupo de WhatsApp de una conocida de una conocida. Compré el módulo introductorio, que costó más o menos lo que una cena con vino, sin dejar la terapia, que para entonces ya era cada dos semanas en vez de cada semana. Belén, la vecina del edificio de enfrente que riega mis plantas del balcón cada mañana, fue quien me prestó la primera vela de cera de soja cuando quise armar un altar pequeño sobre la mesita de noche. Ahí empezó también la numerología, casi al mismo tiempo.

Desde enero de 2024 llevo un cuaderno violeta de pasta gruesa donde anoto lo que cambia semana a semana: el sueño, si hubo o no un episodio, las semanas en que la numerología me pareció ridícula y la seguí igual, las semanas en que algo se movió sin que tenga una explicación ordenada para eso. Escribo temprano, antes de abrir el trabajo, con el router zumbando bajito y el barrio todavía sin arrancar del todo. También hago autohipnosis, sobre todo las noches de teletrabajo pesado.

Tengo veintinueve años y llevo tres combinando estas prácticas con la terapia, no en su lugar. Cuando una entrada toca ansiedad, pánico o sueño, lo digo ahí mismo: eso también se conversa con quien te acompaña clínicamente, esto no sustituye ese trabajo. No tengo título ni certificación en sanación energética ni en numerología, tengo una rutina sostenida y un cuaderno lleno de semanas registradas, buenas y malas, con la misma paciencia con que llevo las hojas de cálculo de mis clientes.

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