Bitácora Violeta

Bitácora de mi primera semana con Alquimia de Vida: lo que el cuaderno violeta no miente

Revisado
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Afuera, el cielo de Quito tiene ese color gris panza de burro que avisa que la lluvia en La Floresta no va a perdonar la tarde. Estoy sentada frente a mi escritorio, con el vapor de un tinto perdiéndose en el aire frío que entra por la rendija de la ventana, y mi cuaderno violeta abierto en una página en blanco. Siento el peso de la tapa de tela, la textura rugosa bajo mis dedos mientras el vecino de arriba riega sus plantas y el agua gotea rítmicamente en mi barandilla. Hoy no es un día de cuadros de Excel ni de programar posteos para mis clientes; hoy es el día en que decido anotar qué pasó realmente cuando empecé este camino.

Antes de entrar en las notas de mi cuaderno, un aviso de transparencia: este rincón digital incluye enlaces de afiliación a programas de Hotmart. Si decides inscribirte en alguno a través de ellos, yo recibo una comisión sin que a ti te cueste un centavo más. Solo menciono lo que ha pasado por mis manos y mi cuaderno violeta; no recomiendo nada que no haya probado entre mis crisis y mis mañanas de café. Por favor, ten en cuenta que no soy doctora ni profesional de la salud; soy una asistente virtual que busca su centro. Si estás lidiando con temas de salud mental, mantén siempre a tu terapeuta en el bucle. La energía suma, pero la ciencia sostiene.

El ruido de Slack y el silencio del papel

A principios de febrero, cuando el cansancio de ser el soporte invisible de tres pequeñas empresas empezó a sentirse como una piedra en el pecho, supe que la terapia convencional —que me salvó de los ataques de pánico en 2020— necesitaba un complemento. Ya no era solo gestionar la ansiedad, era que sentía mi energía drenada, como si tuviera fugas por donde se escapaba mi voluntad. Así llegué al Nivel 3 de Alquimia de Vida — Freedom Healing. Me costó lo que me gasto en un par de salidas a comer rico aquí en el barrio, y aunque ya venía coqueteando con los números, sentí que este era el paso para estructurar lo que estaba roto por dentro.

Recuerdo el primer martes de práctica. El olor a palo santo mezclándose con el aire frío que entraba por la ventana de mi oficina improvisada me transporta a ese momento. Intenté hacer mi primera sesión de liberación de memorias justo después de cerrar sesión en Slack. Error de principiante, ñaño. Mi mente seguía en modo resolución de problemas. Mientras intentaba conectar con la intención del ejercicio, me descubrí pensando en un correo que no envié. El resultado fue un fracaso total: intenté forzar la sanación mientras respondía mentalmente notificaciones pendientes, y terminé con un dolor de cabeza punzante. Ahí entendí que la alquimia no es algo que se hace entre dos correos; requiere un vacío que a veces me aterra crear.

Mano escribiendo en un cuaderno violeta junto a un palo santo humeante

Día 8: Cuando los números empezaron a hablar

Para la segunda semana, decidí cambiar la estrategia. Apagué el celular y lo escondí en el cajón de los cables enredados. Me enfoqué en lo que mi mapa de Numerología Energética ya me venía gritando. Al identificar mis números, vi un patrón de autoexigencia brutal que explicaba por qué me sentía tan quemada. Fue un escalofrío repentino el que me recorrió la espalda al entender, con el cuerpo y no solo con la cabeza, por qué siempre me autosaboteo cuando el trabajo se pone intenso. Es como si mi energía tuviera una fecha de caducidad programada que yo misma me impuse hace años sin darme cuenta.

En mi cuaderno anoté: "¿Por qué me da miedo estar en silencio sin producir nada?". Esa pregunta me persiguió durante días. Empecé a notar que el ruido de los clientes ya no me habitaba tanto tiempo después de apagar la computadora. Es un cambio sutil, como el sonido de la máquina de espresso del vecino que dejas de escuchar cuando te concentras en tu propio café. No es que los problemas desaparezcan, es que dejas de ser el recipiente que los guarda todos. Aprender a identificar bloqueos energéticos en el cuerpo se volvió mi segunda tarea diaria, justo después de mis páginas matinales.

Mapa de numerología energética sobre un escritorio junto a una laptop

Mes 3: La limpieza del espacio y la mente

Llegando a mayo, la práctica se volvió más física. No sé si te ha pasado, pero cuando empiezas a mover tu energía interna, el desorden de tu oficina empieza a gritarte. Mi escritorio en La Floresta, que suele ser un caos de post-its y tazas a medio terminar, pedía una purga. Fue entonces cuando recordé los beneficios del péndulo hebreo para limpiar espacios de trabajo. No es brujería de película, es simplemente aprender a mover el estancamiento que se queda pegado a las paredes cuando pasas diez horas al día frente a una pantalla lidiando con quejas de clientes.

Lo que más me costó integrar fue la autohipnosis. Probé el Curso de Autohipnosis fácil porque mis noches seguían siendo un campo de batalla de pensamientos circulares. Al principio me sentía tonta hablándome a mí misma, pero hacia la semana doce de mi bitácora, noté que el sueño era más profundo. Ya no me despertaba a las tres de la mañana pensando en si el cliente de Chile había recibido el reporte mensual. Es una victoria pequeña, pero para alguien que vivió de ataques de pánico, es como ganar el mundial.

Péndulo de madera sobre escritorio para limpieza energética en la oficina

Lo que el cuaderno violeta no miente

A veces me quedo mirando las páginas de marzo y me asalta un monólogo interno pesado: ¿realmente estoy sanando o solo estoy llenando otro cuaderno para sentir que tengo el control? Es la duda millennial por excelencia, esa que nos hace cuestionar hasta el aire que respiramos. Pero luego leo lo que escribí sobre cómo las páginas matinales calman mi ansiedad y veo la diferencia en el trazo de mi letra. Al inicio era errático, fuerte, casi rompiendo el papel. Ahora es fluido, más ligero.

No busco convertirme en una gurú de Instagram ni en una coach de vida con frases de Pinterest. Solo soy una mujer de veintinueve años en Quito que quiere que su alma no se evapore entre hojas de cálculo. El orden que estoy encontrando en este caos no es perfecto, pero es mío. He aprendido que no necesito herramientas carísimas, sino constancia. A veces, el mayor cambio viene de algo tan simple como las 21 Meditaciones Guiadas que hago mientras espero que hierva el agua para el café, solo para recordarle a mi sistema nervioso que no estamos en peligro.

Silueta de mujer mirando la lluvia de Quito desde su escritorio de trabajo

Al cerrar hoy mi cuaderno, me doy cuenta de que el cielo de Quito finalmente rompió a llover. El sonido del agua contra el vidrio me da una paz que antes me era ajena. Si sientes que tu trabajo remoto te está robando el alma por pedacitos, quizás sea momento de mirar qué hay en tu propia Alquimia de Vida. No para arreglarte, porque no estás rota, sino para recordarte quién eres cuando apagas la pantalla. Mañana volveré a abrir el cuaderno, oleré el palo santo y veré qué más tiene que decirme el silencio antes de que empiecen a caer los correos. Al final, la única verdad que importa es la que te atreves a escribir cuando nadie más te está mirando.

Si sientes que es el momento de empezar tu propio registro, te recomiendo comenzar por entender tu mapa personal; a mí me dio la estructura que mi mente lógica necesitaba para dejar de pelear con mi intuición. Puedes revisar lo que ofrece la Numerología Energética para ver si resuena contigo tanto como conmigo. No hay prisa, el cuaderno siempre espera.

Nota: Todo lo que comparto aquí proviene de mi propia experiencia e investigación personal. Nada de esto debe tomarse como consejo médico, financiero o legal. Habla con un profesional cualificado antes de actuar basándote en lo que lees aquí.

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