
Amanece en La Floresta y el ruido de la cafetera espresso es el primer pulso de mi día. Aquí, a 2850 metros de altitud, el aire entra por la ventana con una claridad que a veces duele, pero hoy se siente distinto. Hace meses que no despertaba con esa sensación de 'cuerpo prestado', como si hubiera corrido una maratón mientras dormía. Me siento a la mesa con mi cuaderno violeta, ese que ya tiene las puntas un poco gastadas, y releo mis notas de principios de año.
Recuerdo perfectamente una noche lluviosa de marzo. El agua golpeaba el techo de zinc de la vecina y yo no podía cerrar los ojos. No era insomnio común; era una pesadez en los hombros, un frío que no se quitaba con cobijas de lana. En mi cuaderno anoté: 'Siento que algo se me pega en la nuca'. Fue ahí cuando, entre mis sesiones de Freedom Healing y mis lecturas sobre alquimia energética, empecé a sospechar que mi departamento no solo necesitaba una limpieza de polvo, sino una liberación de larvas energéticas.
El rastro de los parásitos astrales en mi oficina improvisada
Trabajar como asistente virtual desde casa tiene sus ventajas, pero también sus riesgos energéticos. Pasamos horas frente a pantallas, absorbiendo el estrés de clientes que ni siquiera conocemos en persona. Durante varias semanas en mayo, noté que el ambiente de mi rincón de trabajo se sentía 'pegajoso'. No sé cómo explicarlo de otra forma. Era como si el aire tuviera más densidad de la cuenta. Mis registros de numerología mostraban picos de ansiedad que no cuadraban con mi carga real de trabajo.

Las larvas energéticas, o lo que algunos llaman un parásito astral, se alimentan precisamente de eso: de la ansiedad residual, del miedo y de los portales que dejamos abiertos cuando no sabemos poner límites. Me di cuenta de que mi cansancio no era físico. Era una fuga. En mi cuaderno escribí una pregunta que me persiguió por días: ¿estoy limpiando mi casa o solo estoy barriendo la energía de otros debajo de la alfombra?
Es importante aclarar que yo no soy médica, ni psiquiatra, ni una sanadora profesional. Solo soy alguien que, tras los ataques de pánico de 2020, decidió que la terapia tradicional necesitaba un complemento más profundo. Si sientes que tu agotamiento es extremo o tu salud mental está en juego, por favor, mantén a tu terapeuta en el bucle. Lo que yo comparto aquí es mi proceso personal de higiene energética, ese que ocurre en el silencio de mi libreta antes de que el barrio despierte del todo.
El ritual de la sal y el sonido: Limpiando el terreno
Hace aproximadamente un mes, decidí tomarme en serio la eliminación de estos parásitos. No basta con prender un incienso y ya. Las larvas son persistentes porque se anclan en las esquinas y en los objetos que guardan memorias tristes. Compré un atado de salvia blanca, de unos 30 gramos, y lo combiné con el uso de cloruro de sodio (sal marina) en los rincones.
Un lunes por la tarde a finales de julio, después de terminar mis tareas para un cliente particularmente difícil, cerré la computadora. Antes de empezar, sentí un escalofrío súbito que me recorrió la nuca justo antes de empezar a trazar los símbolos de protección en las esquinas del cuarto. Fue la señal de que el ambiente estaba realmente cargado. Utilicé frecuencias de sonido, buscando sintonizar con la frecuencia de resonancia de Schumann, esos 7.83 Hz que nos devuelven al pulso natural de la Tierra.
La sensación fue inmediata. El olor a palo santo mezclándose con el aire frío que entra por la ventana abierta tras un aguacero quiteño creó una atmósfera de hospitalidad que no sentía hace meses. No es magia negra ni nada raro; es simplemente entender que, igual que nos bañamos el cuerpo, el espacio donde soñamos también necesita su propio jabón vibracional.

La verdad incómoda: El parche vs. la sanación
Pero aquí es donde mi cuaderno violeta se pone honesto conmigo misma. Limpiar tu hogar de larvas energéticas sin haber sanado tus propios bloqueos internos solo actúa como un parche temporal que atrae parásitos más persistentes. Me di cuenta de que si yo sigo respondiendo correos con el estómago apretado o permitiendo que la ansiedad sea mi combustible, estoy dejando la puerta abierta y la mesa servida para que estos parásitos vuelvan.
Las larvas no aparecen de la nada; se sienten atraídas por nuestra propia disonancia. Por eso, mi práctica de por qué elegí Freedom Healing después de meses haciendo terapia ha sido clave. No se trata solo de quemar hierbas, sino de observar qué emoción estoy emitiendo que les sirve de alimento. Si mi descanso diario no mejora, no es porque la sal no funcione, sino porque mi mente sigue fabricando el mismo 'humo' denso.
A veces, el cansancio es simplemente una señal de que nuestro campo áurico está agujereado por el estrés digital. En esos momentos, he aprendido a identificar las señales de que necesitas un descanso energético en tu rutina diaria para no llegar al punto de sentir esa invasión en mi propio dormitorio. Cerrar portales antes de dormir significa apagar el teléfono, pero también hacer una pequeña visualización donde devuelvo a cada persona su energía y me quedo solo con la mía.
Hoy, mientras escribo estas líneas, el sol ya ilumina el Pichincha. Mi descanso ha cambiado radicalmente porque ahora entiendo que mi casa es una extensión de mi cuerpo. La limpieza no es un evento de una vez al año; es una disciplina diaria de observación. ¿Qué traje hoy de la calle? ¿Qué emoción se quedó pegada a mis dedos después de esa llamada difícil? Mi cuaderno violeta tiene la respuesta, y mi cama, por fin, vuelve a ser un santuario y no un campo de batalla invisible.