
Cerré la tapa de la laptop y me quedé mirando la neblina que empezaba a bajar por las faldas del Pichincha, cubriendo los techos de La Floresta. Eran pasadas las seis de la tarde de un lunes especialmente denso y sentÃa los hombros cargados, como si llevara una mochila llena de piedras que no me pertenecÃan. Acababa de terminar una reunión de dos horas con un cliente que drenó hasta mi última reserva de paciencia; su voz, cargada de una exigencia ansiosa, parecÃa seguir rebotando en las paredes de mi estudio.
Antes de seguir, quiero ser súper clara: no soy sanadora, ni coach, ni pretendo reemplazar la medicina profesional. Soy una asistente virtual que trabaja desde casa y que, después de que el encierro de 2020 me dejara con ataques de pánico, necesitó algo más que la terapia convencional para habitar su propio cuerpo. Por eso, lo que escribo en mi cuaderno violeta es mi proceso personal con herramientas como Freedom Healing. Si tú estás pasando por algo similar, por favor, no dejes de lado a tu terapeuta; estas prácticas son un complemento, un 'plus' para el alma, no un sustituto. Por transparencia, te cuento que este sitio incluye enlaces de afiliación a programas de Hotmart. Si decides matricularte en alguno, una parte del precio apoya este diario sin que a ti te cueste un centavo más. Solo recomiendo lo que ha pasado por mi cuaderno y mis dÃas, como el programa Recupera Tu Fuerza Y EnergÃa Interior, que ha sido mi ancla en estos meses.
La neblina de marzo y la mochila de piedras invisibles
Recuerdo una tarde lluviosa de marzo. Fue la primera vez que entendà que el agotamiento que sentÃa no era fÃsico, sino una especie de 'mugre' energética. Ese dÃa, después de una serie de correos pasivo-agresivos de una agencia para la que trabajo, intenté los métodos de siempre: una ducha caliente, un tinto bien cargado y un poco de música. Pero la sensación de intrusión seguÃa ahÃ. Era como si el cliente se hubiera quedado sentado en mi sofá, mirándome con desaprobación mientras yo intentaba descansar.

Me preguntaba si este cliente sabÃa que su frustración se habÃa quedado instalada en mi sala mucho después de que colgamos la llamada. Para quienes trabajamos en remoto, el espacio fÃsico no permite la separación energética que antes nos daba el trayecto de la oficina a la casa. Mi oficina es mi sala, y mi sala es donde intento leer o ver una pelÃcula. Sin una limpieza consciente, las proyecciones ajenas se quedan pegadas a las cortinas, a la alfombra y, lo más grave, a una misma.
En mi cuaderno violeta empecé a notar un patrón. Cada vez que tenÃa un conflicto con un cliente difÃcil, mi ritmo de sueño cambiaba y aparecÃa un frÃo repentino que me recorrÃa la columna cada vez que escuchaba el sonido de notificación de Slack. Ya no era solo estrés; era una saturación del campo electromagnético. Según los principios de la alquimia que he ido estudiando, tenemos 7 capas principales en nuestro campo energético, y cuando interactuamos con personas muy densas, esas capas se vuelven porosas, permitiendo que la energÃa del otro se filtre en la nuestra.
Cuando el incienso no basta: el error de limpiar mientras se trabaja
A finales de mayo, después de un cierre de mes frenético, cometà un error de principiante. Traté de limpiar mi energÃa simplemente quemando un poco de incienso mientras seguÃa revisando correos de último minuto. Pensé que el humo harÃa el trabajo por mà mientras yo seguÃa en 'modo productividad'. Lo único que logré fue que el olor a palo santo se mezclara con mi propia ansiedad y el aroma del café frÃo que habÃa olvidado sobre el escritorio.
La limpieza del aura no es algo que se hace en piloto automático. Requiere presencia. No puedes pedirle a tu campo energético que se selle si tú misma estás dejando las puertas abiertas a través de la multitarea. Ese dÃa, al mirar el humo disolverse contra la humedad que entraba por la ventana abierta de mi departamento, entendà que necesitaba un ritual de cierre real. Algo que marcara un lÃmite sagrado entre el servicio que doy como asistente y el espacio que habito como mujer.

Fue ahà donde empecé a profundizar en la protección de la energÃa personal viviendo en una ciudad ruidosa como Quito. La Floresta es un barrio hermoso, lleno de grafitis y cafeterÃas chéveres, pero también tiene un ruido constante: el bus que sube por la 12 de Octubre, los vecinos, las alarmas. Si a eso le sumas la carga emocional de un cliente tóxico, el sistema colapsa.
Las siete capas y el rastro del cliente en mi sofá
Consultando mis notas de Freedom Healing, comprendà que limpiar el aura es un proceso de alquimia interna. No se trata solo de quitar lo 'malo', sino de transmutar la frecuencia. El programa Recupera Tu Fuerza Y EnergÃa Interior explica esto de una forma que mi mente lógica de asistente virtual pudo procesar. Tiene unas 20 reseñas reales de personas que, como yo, sentÃan que su vitalidad se escapaba por grietas invisibles. Con una calificación promedio de 4.7, me dio la confianza de que no estaba sola en esta búsqueda.
Aprendà que el plexo solar es donde solemos recibir los impactos de los demás. Cuando un cliente te grita o te menosprecia, ese centro energético se contrae. Si no lo liberas, esa contracción se convierte en una 'mugre' que atrae más de lo mismo. Es la ley de correspondencia: lo que está adentro, se refleja afuera. Si mi campo energético está desordenado, mis interacciones laborales seguirán siendo caóticas. Es por eso que a veces uso la numerologÃa energética para organizar mi trabajo remoto, buscando dÃas donde la vibración sea más propicia para negociaciones difÃciles.

Hace apenas un par de semanas, tuve un lunes por la noche especialmente denso. Un cliente me pidió cambios imposibles para el dÃa siguiente a las cinco de la tarde. Sentà ese nudo familiar en el estómago. En lugar de correr a la cocina por chocolate o prender la tele, saqué mi cuaderno violeta. Escribà mis páginas matinales (aunque fuera de noche) para drenar la mente y luego hice el ejercicio de recuperación de energÃa que propone el método de Alquimia de Vida.
El 'pop' interno: recuperando el plexo solar tras un mayo intenso
Mientras hacÃa la visualización de limpieza, sentà un 'pop' interno. No fue algo sonoro, sino una sensación de desprendimiento, como cuando te quitas un zapato que te queda muy apretado. La pesadez en el plexo solar se disolvió. Por primera vez en meses, sentà que podÃa volver a habitar mi cuerpo sin el rastro del estrés del cliente pegado a mi piel. El aire de la habitación, que antes se sentÃa denso y gris, pareció aclararse.
Para quienes somos terapeutas o trabajamos en servicios de apoyo desde casa, esto es vital. Si no limpiamos nuestro espacio, terminamos contaminando el entorno familiar. He visto casos de amigas que terminan peleando con sus parejas solo porque traen la carga del 'paciente difÃcil' o del 'jefe tóxico' a la cena. La técnica que mejor me ha funcionado es imaginar una luz violeta (como la tapa de mi cuaderno) sellando mis 7 capas después de cada jornada. Es un ejercicio de alquimia básica pero potente.

A veces, cuando la carga es muy fuerte, recurro a herramientas más especÃficas. Por ejemplo, el curso de Protección Energética Para Blindarte De EnergÃas Negativas es fantástico para esos dÃas donde sientes que el mundo entero te está drenando. Es una inversión pequeña, como lo que cuestan dos cafés en una panaderÃa de mi barrio, pero el alivio mental que trae no tiene precio.
Sellar el campo: mi ritual de cierre en el invierno quiteño
Ahora, mi ritual de cierre no es solo apagar la computadora y cerrar Slack. Es un proceso consciente de sellado áurico. Me tomo cinco minutos frente a la ventana, viendo cómo las luces de Quito empiezan a encenderse en el valle. Respiro profundo y declaro que mi energÃa me pertenece y que devuelvo cualquier proyección ajena a su origen, con luz y sin juicio.
He notado que desde que aplico estos principios, los 'clientes difÃciles' parecen haber perdido su poder sobre mÃ. O mejor dicho, yo he dejado de ser un imán para su frustración. Ya no me da ese frÃo en la columna con las notificaciones. Incluso he empezado a explorar la autohipnosis fácil para mejorar mi concentración, porque cuando tu aura está limpia, tu mente se enfoca mucho más rápido.

El invierno en Quito es largo y a veces triste, pero escribir en mi cuaderno violeta me recuerda que yo tengo el control de mi clima interno. Si sientes que tu trabajo te está robando la paz, quizás no sea falta de vacaciones, sino necesidad de una limpieza profunda. No te quedes con esa mochila de piedras; hay formas de soltarla sin renunciar a tus metas. Mañana, cuando el sol vuelva a iluminar las fachadas de La Floresta, mi cuaderno y yo estaremos listos para un nuevo dÃa, pero esta vez, con el aura bien sellada.
¿Qué pasarÃa si hoy, al cerrar tu computadora, te dieras permiso de no llevarte al cliente a la cama? Esa es la pregunta que dejo hoy en mi cuaderno. Si quieres empezar este camino de recuperación, te recomiendo mucho darle una mirada a Recupera Tu Fuerza Y EnergÃa Interior. Ha sido mi guÃa para entender que mi energÃa es mi recurso más valioso y que protegerla no es un lujo, sino una necesidad de supervivencia en este mundo digital.