Bitácora Violeta

Señales de que necesitas un descanso energético en tu rutina diaria

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Esa tarde de lluvia en La Floresta, el cielo de Quito se puso de ese color plomizo que parece que se te va a caer encima. Estaba sentada frente a la pantalla, con tres pestañas abiertas de clientes distintos que necesitaban facturas urgentes, y de repente, el cursor se me perdió de vista. No es que no estuviera ahí; es que mi cerebro ya no sabía qué hacer con él. Sentí que el aire de mi oficina pesaba toneladas, aunque tenía la ventana un poquito abierta para que entrara el frío del Pichincha. No era cansancio de sueño, era otra cosa.

Antes de seguir, quiero ser súper transparente con ustedes. Este cuaderno violeta donde anoto mis días incluye enlaces de afiliación a programas de Hotmart. Si decides matricularte en alguno a través de ellos, una parte del precio regresa a este proyecto para que yo pueda seguir escribiendo, sin que a ti te cueste un centavo más. Todo lo que menciono, desde la numerología hasta el Nivel 3 de Alquimia de Vida, ha pasado primero por mis propias manos y por mis lecturas de energía. No soy médico ni terapeuta profesional —para eso mantengo mis sesiones de los jueves—, así que si sientes que tu salud flaquea, por favor, consulta con un profesional antes de lanzarte a lo holístico.

El peso de lo invisible: cuando el café ya no alcanza

Como asistente virtual, mi trabajo es básicamente gestionar el caos de los demás. Pero a finales del año pasado, empecé a notar que mi cuaderno violeta se llenaba de tachones. Intentaba hacer mis páginas matinales y la mano me pesaba. El olor a palo santo mezclándose con el aroma del café frío mientras tachaba tareas frenéticamente se volvió mi banda sonora diaria, y no en el buen sentido. Sentía que mi energía estaba como el tráfico de la 12 de Octubre a las seis de la tarde: estancada, ruidosa y agotadora.

Palo santo humeando junto a una taza de café frío en un escritorio de madera

Me di cuenta de que necesitaba un descanso energético cuando el ritual de la mañana dejó de ser un refugio. Intenté forzar la rutina con más cafeína y afirmaciones positivas, pero mi cuerpo reaccionó con una presión en el pecho que ya conocía de los peores días del encierro en 2020. Qué bestia, pensé, otra vez no. No era ansiedad clínica esta vez, era una saturación de frecuencias ajenas que se me habían pegado como el hollín de los buses.

Hay señales muy claras que el cuerpo te lanza. No son solo los síntomas de bloqueos energéticos típicos; es una sensación de que tu aura tiene demasiadas ventanas abiertas, igual que un navegador de internet a punto de colapsar. En mi caso, era una irritabilidad extraña con mis vecinos. Si escuchaba al de al lado regar sus plantas y el agua goteaba un poco en mi balcón, me daban ganas de llorar. Ahí supe que mi campo estaba demasiado poroso.

La frustración del péndulo y la búsqueda de limpieza

Hace un par de meses, intenté usar el péndulo hebreo sin haber limpiado el espacio primero y sentí una punzada de frustración al ver que no se movía como esperaba. Se quedaba ahí, quieto, como burlándose de mi apuro. Fue un momento de fracaso necesario. Me di cuenta de que no puedes pedirle a una herramienta de alta frecuencia que funcione en un cuarto lleno de "basura" emocional y estrés laboral. Intenté saltarme los pasos básicos de la protección de energía personal y el universo me dijo: "No, ñaña, así no es".

Péndulo hebreo de madera descansando sobre una tela de lino neutra

Fue entonces cuando regresé a la numerología para entender en qué punto de mi ciclo estaba. Según los cálculos de mi fecha de nacimiento, estaba entrando en un mes personal que vibraba con la introspección. Me pregunté si estaba perdiendo el juicio por creer que los números de mi fecha de nacimiento explicaban mi falta de enfoque, pero la verdad es que los ciclos de 9 años en la numerología pitagórica tienen una lógica que me calma. Me dice que hay tiempos para sembrar y tiempos para dejar que la tierra descanse.

Ese lunes por la mañana a principios de mayo, después de tres semanas intensas de trabajo remoto que me dejaron como un trapo viejo, cerré la laptop. Decidí que no podía seguir solo con lo básico. Ya conocía los fundamentos, pero necesitaba algo que fuera a la raíz de esas memorias que me hacían decir "sí" a clientes tóxicos o que me mantenían despierta a las tres de la mañana revisando correos mentales.

Avanzando en la Alquimia: El Nivel 3 de Freedom Healing

Decidí dar el paso y matricularme en el Nivel 3 de Alquimia de Vida. Ya había pasado por los niveles anteriores, pero sentía que mi estructura energética necesitaba un refuerzo estructural, no solo una limpieza superficial. En Freedom Healing, el proceso es muy ordenado para evitar que te satures emocionalmente, y ese tercer nivel se enfoca precisamente en la transmutación de bloqueos que ya no te pertenecen.

Lo que más me gusta de esta práctica es que no te pide que te vayas a una montaña a meditar bajo una cascada. Yo lo hago aquí, en mi departamento de La Floresta, mientras escucho el murmullo de la ciudad despertando. Al integrar la práctica diaria de transmutación, el flujo de mi trabajo cambió. Aprendí a identificar el "ruido" energético antes de que se convierta en agotamiento crónico. Fue como si, de repente, pudiera ver los hilos que me conectaban a las preocupaciones de mis jefes y pudiera cortarlos con suavidad.

Mano escribiendo cálculos de numerología en un cuaderno de color violeta

En mi experiencia con Alquimia de Vida, hay un momento muy específico: ese escalofrío repentino que sube por la nuca cuando finalmente sueltas una responsabilidad ajena durante una sesión de liberación. Es una sensación física de alivio, como si te quitaras una mochila llena de piedras que ni siquiera sabías que llevabas. Es un descanso que ninguna siesta de dos horas te puede dar.

El desafío de los cuidadores: una perspectiva diferente

Mientras escribía sobre esto en mi cuaderno, me acordé de una amiga que cuida a su madre con demencia. Ella no tiene el lujo de cerrar la puerta y hacer una sesión de 21 meditaciones guiadas sin interrupciones. Para quienes viven en un estado de vigilancia constante, el "descanso energético" no es un retiro, es una cuestión de supervivencia en micro-dosis.

A veces, para ella, el descanso es simplemente visualizar una burbuja de luz dorada mientras ayuda a su mamá a comer, o usar el péndulo durante cinco minutos mientras la otra persona duerme. Ella me enseñó que la energía no entiende de tiempos largos, sino de intenciones profundas. Si tú estás en una situación así, donde no puedes aislarte, no te castigues pensando que no puedes hacer este trabajo. Al contrario, es cuando más necesitas herramientas que limpien el campo electromagnético de forma rápida y efectiva.

Cómo saber si tú también necesitas este alto

Mirando hacia atrás, desde finales del año pasado hasta este junio, he aprendido a leer las señales antes de que el cuerpo me grite. Si estás en duda de si necesitas un descanso energético real o si solo es pereza, aquí te dejo lo que mi cuaderno violeta me ha dictado estas últimas semanas:

Vista borrosa del barrio La Floresta en Quito durante el amanecer

Si te identificas con más de tres, es muy probable que tu sistema esté pidiendo una limpieza a fondo. No tienes que hacerlo todo a la vez. A veces, empezar por entender tu propio mapa con la numerología energética te da la claridad mental para saber por dónde empezar a limpiar. A mí me sirvió para entender por qué este mes me sentía tan pesada y por qué necesitaba bajar el ritmo.

Esta mañana, mientras veía al vecino de enfrente sacudir sus alfombras, sentí una paz distinta. Ya no era la paz del escape, sino la de quien sabe que tiene las herramientas para mantener su casa interna limpia. Mi cuaderno violeta hoy tiene menos tachones y más espacios en blanco. Y en esos espacios es donde realmente ocurre la magia. Si sientes que ya es hora de dejar de cargar con maletas ajenas, quizás el programa de Alquimia de Vida sea ese permiso que te estás negando para volver a respirar profundo.

Nota: Todo lo que comparto aquí proviene de mi propia experiencia e investigación personal. Nada de esto debe tomarse como consejo médico, financiero o legal. Habla con un profesional cualificado antes de actuar basándote en lo que lees aquí.

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