Bitácora Violeta

Por qué elegí Freedom Healing después de meses haciendo terapia

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Cuatro páginas. Eso fue lo que llené en el cuaderno violeta sin levantar el lapicero una sola vez, la tapa gruesa cediendo un poco bajo la palma como cada vez que lo abro en la página del día. No hubo rayo de luz ni señal en el cielo: la mano simplemente no paró, y cuando terminé de escribir supe que la terapia sola ya no me alcanzaba.

No soy psicóloga ni médica, y tampoco pretendo serlo: soy asistente virtual, vivo en Quito y llevo este diario de vida porque necesitaba algo más que palabras para acompañar mi ansiedad. Aviso desde ya que esta página incluye enlaces de afiliación a programas de Hotmart — si decides probar alguno, recibo una comisión sin costo extra para ti. Todo lo que menciono aquí, desde Freedom Healing hasta la numerología, pasó primero por mi propia práctica de sanación energética antes de aparecer en estas páginas. Si estás en terapia, por favor mantén a tu psicóloga o psicólogo al tanto de lo que pruebas.

El punto en que la terapia dejó de ser suficiente

La terapia tradicional fue mi ancla después de los ataques de pánico que me dejó el encierro del 2020. Me ayudó a poner nombre a lo que sentía, a entender de dónde venía el miedo. Pero llegó un punto en que sabía perfectamente el porqué de todo y seguía sin saber cómo soltarlo. Mi mente era experta en explicar el trauma; mi cuerpo seguía cargando la misma tensión de siempre, esa que aparece en el pecho antes de abrir la laptop para trabajar, con el olor del café recién servido todavía flotando en la cocina.

Probé cosas caseras antes de buscar algo distinto: infusiones de pasiflora y lavanda que solo me ayudaban a dormir el primer cuarto de hora, y después el mismo desvelo de siempre. Nada de eso sostenía nada.

Ahí empecé a buscar herramientas que trabajaran con lo que la palabra no alcanza a tocar, y encontré unas 21 Meditaciones Guiadas para Despertar la Conciencia que me ayudaron a bajar el ruido mental lo suficiente como para escuchar lo que pedía mi cuerpo, no solo mi cabeza.

Mano escribiendo en un cuaderno violeta durante una práctica de sanación energética con café al lado

Lo que un ataque de pánico realmente es

Vale la pena parar aquí un momento, porque mucha gente me escribe preguntando si lo que sienten es de verdad un ataque de pánico o solo estrés fuerte. Un ataque de pánico es un episodio abrupto de miedo o malestar intenso que llega a su punto más alto en cuestión de minutos, con síntomas físicos como taquicardia, sensación de ahogo y temblores. No es peligroso para la vida, aunque en el momento el cuerpo entero jura que sí lo es.

Cuando siento que uno de estos episodios se acerca, a veces subo caminando hasta El Panecillo solo para tener aire fresco y distancia de la pantalla — no como cura, sino como pausa. No siempre funciona, pero el aire frío de la montaña ahí arriba ayuda más que quedarme sentada dándole vueltas al mismo pensamiento.

Saber la definición no me quitó el miedo la primera vez que me pasó, pero sí me ayudó después a diferenciar cuándo estaba viviendo un episodio real y cuándo era solo un mal día de teletrabajo. Esa distinción se volvió una de las cosas más útiles que tengo escritas en el cuaderno.

Bloqueo energético versus cansancio: la diferencia que aprendí a sentir

Alrededor de esa época mi práctica empezó a cambiar de foco. Ya no solo anotaba lo que me pasaba con los clientes del trabajo remoto, que a veces me sacan de quicio, ñaño, hay que decirlo, sino que empecé a notar patrones que no eran psicológicos sino energéticos: días en que me sentía drenada sin razón aparente, como si cargara memorias que no eran mías.

El concepto de alquimia espiritual empezó a resonarme por esos días, casi por coincidencia. Lo que me atrajo de Freedom Healing no fue una promesa mágica sino la estructura: un mapa para identificar bloqueos a nivel del alma. Ahí entendí que muchos síntomas de bloqueos energéticos nombraron lo que la terapia solo describía por fuera, sin terminar de explicarlo del todo — esa pesadez al intentar avanzar con el trabajo no siempre es pereza, a veces es otra cosa cargada en el cuerpo.

Vivir en una ciudad con tanto ruido de fondo, cláxones y buses subiendo la calle desde temprano, también me hizo pensar distinto sobre cómo protejo mi propia energía en el día a día — un tema que da para su propio espacio aparte, pero que empezó a colarse en estas páginas por esos meses.

Por qué elegí el Nivel 3 y no un curso de entrada

Después de un tiempo probando meditaciones y lecturas básicas, decidí ir más profundo. No quería seguir siendo "paciente" de nada; quería ser quien limpia su propio espacio emocional. Así llegué al programa Alquimia de Vida — Nivel 3 de Freedom Healing. Lo que me sorprendió fue entender que el sistema identifica 33 potenciales originales del alma que pueden estar bloqueados, y que se puede trabajar directo con ellos sin pasar años en diagnóstico.

La primera vez que escribí una de las activaciones del Nivel 3 en el cuaderno, sentí el papel resistir un poco bajo la punta del rotulador, ese frenillo que me obliga a escribir más despacio y con más atención.

Rincón de cafetería con lluvia en el ventanal, ambiente de reflexión para escribir sobre bienestar holístico

Mucha gente me pregunta por qué salté a un nivel avanzado en vez de empezar por lo básico. La respuesta corta es la estructura. Alquimia de Vida no es solo sentarse a sentir: es un proceso de limpieza que usa herramientas como la numerología y la conexión con una versión más estable de una misma para ir directo al punto. Para quienes somos bien mentales, y yo lo soy, qué bestia, a veces se necesita un sistema tan riguroso como la propia cabeza para que esta se quede tranquila y deje trabajar al resto del cuerpo.

La terapia mensual que no pienso soltar

No dejé la terapia por completo, y no creo que lo haga pronto. Sigo yendo una vez al mes, más como chequeo que como espacio de crisis. Freedom Healing no reemplaza ese acompañamiento — lo complementa. Es como limpiar una casa: la terapia entiende por qué entró el polvo, y el trabajo energético es abrir las ventanas y barrer lo que ya se identificó.

Con Florencia, una amiga que conocí hace años en un grupo de meditación en línea, hablo de esto casi todos los domingos por notas de voz. Ella tiene un altar minimalista en su propio escritorio de teletrabajo, y a veces me recuerda que ningún sistema —ni terapia ni sanación energética— funciona aislado de los demás. Si sientes que ya hablaste suficiente pero tu cuerpo sigue reaccionando igual ante el estrés, probablemente no se trata de elegir uno u otro, sino de sostener los dos a la vez.

Bienestar holístico: qué otras herramientas sumé al cuaderno

El bienestar holístico, al menos como lo entiendo yo, no es un solo método sino varias piezas que conversan entre sí. Además de Freedom Healing, sumé la Numerología Energética para entender mejor mis propios ciclos: hay quien apenas está descubriendo la numerología aplicada a su rutina de trabajo remoto, y para mí funcionó como un mapa cuando la práctica energética se sentía difusa.

También he probado la autohipnosis en sesiones cortas antes de dormir, sin esperar que resuelva todo de golpe, solo como una manera más de bajarle revoluciones a la cabeza. Cuando el día se pone pesado, a veces recurro a una limpieza energética breve con péndulo, más como pausa que como ritual complicado. Ninguna de estas herramientas reemplaza a la otra; cada una entra en un momento distinto del día.

Ilustración sutil de liberación energética y calma en el pecho, símbolo de sanación energética

Todo esto lo voy registrando en el mismo cuaderno violeta, junto con lo que antes llamaba "páginas matinales" cuando recién empezaba a escribir apenas me despertaba. Si te interesa llevar tu propio registro, puede servirte leer sobre qué escribir en un diario de energía para no perderte en el proceso.

Lo que le diría a quien está donde yo estaba

Si sientes que llegaste a un techo con lo convencional, no tengas miedo de mirar hacia lo energético, no como reemplazo, sino como el pedazo que faltaba. A veces el rompecabezas no está en lo que pensamos, sino en lo que cargamos en el cuerpo sin nombrar.

Libros de crecimiento espiritual junto al cuaderno violeta en una estantería de madera

Maite, una conocida con la que a veces comparto mesa para escribir cuando el clima obliga a buscar un lugar con calefacción, me decía hace poco que odia sentarse a escribir cada mañana y que aun así lo sigue haciendo, casi por terquedad. Creo que ahí está el punto: no se trata de sentir ganas todos los días, sino de sostener la práctica incluso cuando no las tienes.

Elegí Alquimia de Vida porque me devolvió algo de poder sobre mis propias mañanas. Ya no espero al próximo jueves de terapia para sentirme mejor; gestiono mi energía en el cuaderno, un día a la vez. Es trabajo diario, sí, pero se siente más honesto que solo dar vueltas sobre los mismos recuerdos.

Afuera ya se escucha el bus de la mañana bajando la calle; en un rato empiezo con los clientes, pero por ahora el cuaderno se queda abierto un poco más.

Nota: Todo lo que comparto aquí proviene de mi propia experiencia e investigación personal. Nada de esto debe tomarse como consejo médico, financiero o legal. Habla con un profesional cualificado antes de actuar basándote en lo que lees aquí.

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