Bitácora Violeta

Ejercicios para recuperar la energía interior y calmar la mente al trabajar

Afuera, la neblina de La Floresta se cuela por las rendijas del ventanal mientras escucho el rugido sordo de los buses bajando por la Avenida 12 de Octubre. Son esos minutos antes de que el mundo se acelere, cuando el sonido de la cafetera calentándose es lo único que interrumpe mi escritura en este cuaderno violeta que ya tiene las esquinas desgastadas. No soy experta en nada, ni coach ni sanadora; solo soy una asistente virtual que, tras los ataques de pánico de 2020, entendió que sentarse frente a una hoja de cálculo ocho horas al día requiere algo más que café fuerte para no desmoronarse. A mediados de marzo, esa misma neblina parecía haberse metido dentro de mi cabeza; no podía distinguir entre un correo urgente y mi propia ansiedad, y fue ahí cuando supe que necesitaba ejercicios para recuperar la energía interior y calmar la mente al trabajar que fueran reales, no solo frases bonitas en una app.

El estancamiento en el plexo solar y el ruido de las notificaciones

Ser asistente virtual para pequeñas empresas suena a libertad, pero a veces se siente como ser un pararrayos de urgencias ajenas. Durante las semanas más frías de mayo, el exceso de notificaciones en Slack empezó a sentirse como una fuga de energía constante. Sentía que mi fuerza se drenaba por los dedos. Al abrir mi cuaderno para mis morning pages, noté un patrón: siempre escribía sobre una presión justo debajo del esternón. En mis lecturas de energía, recordé que ahí reside el tercero de los 7 chakras principales en el sistema energético humano, el plexo solar, nuestro centro de poder personal. Si ese centro está bloqueado por el estrés laboral, no hay descanso de fin de semana que alcance. Qué bestia, cómo nos acostumbramos a vivir con el nudo en la boca del estómago como si fuera parte del uniforme.

Cafetera con vapor y teléfono con notificaciones en un ambiente matutino tenue

Fue un martes cualquiera de julio cuando decidí que no podía seguir así. El agotamiento no era físico, era una saturación del aura. Empecé a notar que mi mente saltaba de una tarea a otra como un pájaro asustado. En mis sesiones de numerología, veía cómo el número de mis ciclos personales pedía estructura, pero mi día a día era un caos de pestañas abiertas en Chrome. Decidí que, antes de cada bloque de trabajo, necesitaba un anclaje. No una meditación larga, sino algo que pudiera hacer mientras esperaba que se cargara un reporte. Me di cuenta de que recuperar la fuerza no es un evento único de un retiro espiritual, sino un hábito de limpieza energética diaria que mantiene mi ansiedad a raya, algo que incluso comenté cuando escribí sobre mi limpieza energética con péndulo hebreo en mis herramientas de trabajo.

La tensión muscular consciente contra la relajación forzada

Aquí es donde mi diario se vuelve un poco contrariano. Casi todos los manuales de bienestar te dicen que, cuando estés estresado, respires y te relajes. Pero a mí, la relajación forzada en medio de una jornada intensa me agotaba más; me dejaba 'aguada', sin chispa para terminar los pendientes. Lo que realmente me funcionó fue la tensión muscular consciente. En lugar de intentar soltar todo de golpe, aprendí a apretar los puños, los hombros y los pies durante unos diez segundos mientras inhalaba, y solo entonces soltar con un suspiro largo. Es como si al tensar voluntariamente le dieras permiso al cuerpo para soltar el estrés que ya estaba ahí acumulado. Es una forma de decirle a tu sistema: 'Yo tengo el control de esta presión'.

Manos cerradas en puño sobre un escritorio de madera junto a palo santo

Este ejercicio de tensión y liberación me permitía volver al teclado con una claridad distinta. A veces, mientras lo hacía, encendía un pedacito de palo santo. El olor a palo santo quemándose mientras el sonido de los buses en la Avenida 12 de Octubre se desvanece al fondo crea un santuario inmediato en mi escritorio. Es un contraste chévere entre lo urbano y lo sagrado. He aprendido que no necesito irme a la montaña para recuperar mi centro; necesito reclamar el espacio entre mi silla y mi monitor. A veces uso pequeñas herramientas de autohipnosis fácil para mejorar la autoestima después de la terapia para recordarme que mi valor no depende de cuántos correos responda por hora.

Micro-meditaciones y el enraizamiento entre reuniones

Hace apenas un mes, incorporé lo que llamo el intervalo mínimo recomendado para micro-meditaciones de enfoque, que son apenas 5 minutos. No cierro los ojos si no quiero; a veces solo miro por la ventana hacia el Pichincha y visualizo que mis pies tienen raíces que atraviesan el piso del departamento y se hunden en la tierra quiteña. Es un ejercicio de enraizamiento básico pero poderoso. Cuando trabajas en la nube, es muy fácil que tu energía se quede flotando allá arriba, desconectada de tu cuerpo. Al visualizar esas raíces, siento cómo la estática mental baja y se disuelve. Es una forma de limpiar el aura de las proyecciones de los clientes difíciles y las expectativas externas.

Carta de tarot La Fuerza sobre un cuaderno violeta con apuntes manuscritos

En mis mañanas de estudio de numerología, me gusta sacar una carta de los 22 arcanos mayores para ver qué energía me acompaña. No para adivinar el futuro, sino para tener un arquetipo al cual volver cuando la mente se dispersa. Si me sale El Hierofante, busco orden; si sale La Fuerza, trabajo en mi paciencia. Es un juego simbólico que me ayuda a no tomarme tan en serio el drama de la oficina virtual. Obviamente, nada de esto reemplaza mi proceso con la terapeuta, a quien siempre mantengo al tanto de mis experimentos. Yo no tengo formación médica y siempre recomiendo que, si la ansiedad se siente como un muro insuperable, lo hablen con un profesional de la salud mental. Estos ejercicios son apoyos, herramientas de mantenimiento para el alma trabajadora.

El frescor en las manos y la limpieza del aura diaria

Lo más bonito de este proceso de ocho meses ha sido aprender a leer las señales físicas de que la energía está volviendo a fluir. Hay un momento específico, después de hacer estos ejercicios de enraizamiento o la tensión consciente, en el que siento esa sensación de frescor repentino en las palmas de las manos cuando finalmente logro soltar la tensión de los hombros. Es como si la sangre y la energía volvieran a circular por donde antes había un bloqueo. Es una señal de que mi sistema se ha reiniciado. Ya no espero a estar quemada para parar; hago estas pausas cuando todavía me queda energía, para no llegar al final del día como un trapo viejo.

Pies descalzos sobre una alfombra andina tejida bajo un escritorio de trabajo

Escribo esto mientras el sol empieza a pegar en el lomo de mi cuaderno violeta. Mañana será otro día de facturas, calendarios y correos, pero ya no me asusta tanto. He descubierto que recuperar la energía interior es un acto de resistencia suave. Es decidir que mi paz mental vale más que la urgencia de un cliente. Me pregunto, mientras cierro el cuaderno para empezar mi jornada: ¿cuánta de la fatiga que siento hoy es mía y cuánta es simplemente ruido que me he olvidado de limpiar? Quizás la respuesta aparezca en la siguiente página, o en el próximo suspiro profundo antes de darle 'enviar' a ese último correo del día.

Nota: Todo lo que comparto aquí proviene de mi propia experiencia e investigación personal. Nada de esto debe tomarse como consejo médico, financiero o legal. Habla con un profesional cualificado antes de actuar basándote en lo que lees aquí.

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